EL HEREDERO DE  CÉSAR VALLEJO
EL HEREDERO DE CÉSAR VALLEJO

Más de diez años habían pasado desde la muerte de César Vallejo, en París, cuando un nieto del poeta se abría camino en el mundo de las letras allá por 1957, en Chiquitoy, localidad ubicada a unos 35 km de Trujillo.

“Desde muy chico ensayaba en el pizarrín de la escuela o escribía mis primeras cuartillas en la revista que circulaba ahí”, rememora Gilmer Roque Herrera Vallejo, nieto del poeta y declarado heredero universal por el Quinto Juzgado Civil de la Corte Superior de Lima.

Hoy, a sus 69 años, es el único familiar que ha seguido los pasos del poeta muerto el 15 de abril de 1938. Ha escrito tres libros de poemas y espera publicar otro pronto. Su máquina de escribir lo acompañó durante todas estas noches de escritura.

“Yo escribo lo que siento. Me voy a Trujillo, le doy a mis amigos y los exhibo en mi tienda”, dice en su casa, en el Callao, donde tiene una tienda que es prácticamente su primer ingreso económico. “Quisiera que se me reconozca lo que hago, lo que escribo”, añade luego el hombre, quien ya perdió la timidez de antaño y ahora, cuando está en el Club Miraflores, no solo escribe, sino que también recita sus versos. “Cuando era jovencito no me gustaba leer, pero ahora he perdido el miedo y ya leo”, dice en tono jocoso.

INMORTAL. “Yo nací un día que Dios estuvo enfermo”, versó Vallejo en Espergesia. Gilmer Herrera Vallejo no puede decir lo mismo “Cuando nací, el 17 de agosto de 1947, el pueblo se llenó de algarabía por la consideración que le tenían a mis padres y a mi tío abuelo. Hicieron una fiesta que duró varios días”, recuerda.

Aun en estos últimos años, cuando vuelve a su tierra, sus paisanos celebran su llegada. “Me han invitado a colegios de Trujillo y nadie quería despegarse de mí”, cuenta Herrera.

“Eres mi símbolo literario, mi estandarte, porque soy parte de tu sombra”, escribió en homenaje a su abuelo.

INSPIRACIÓN. Una de sus inspiraciones es su madre Albina Esperanza Vallejo García, a quien su tío César Vallejo llamaba la “Chaposita”.

“Mi madre tiene 100 años, pero cuando tenía 7 ya se bromeaba con su tío”, evoca don Gilmer.