Hijos de Yungay no olvidan tragedia
Hijos de Yungay no olvidan tragedia

Vestía short blanco, polo negro y sandalias sin presagiar que el color de su vestimenta reflejaba que ese día la ciudad donde nació iba a estar de luto con la muerte de decenas de miles de personas. Solo tenía 14 años aquella tarde, cuando la tierra tembló y sepultó a toda mi familia, relata Luis Ramírez Collazos, uno de los pocos sobrevivientes del terremoto que el 31 de mayo de 1970 arrasó a la ciudad de Yungay, en el Callejón de Huaylas, región Áncash.
Luis Ramírez, hoy de 58 años, fue rescatado luego de tres días del terremoto de 7,8 grados de magnitud registrado a las 3:25 de la tarde. El brutal sismo desprendió a un bloque del nevado Huascarán y provocó una avalancha mortal.
Recuerda que corrí tan rápido para refugiarme en el cementerio y mientras corría la ciudad desaparecía, mi familia y mis amigos y mi colegio quedaron sepultados. Teníamos que sacar las chompas a los muertos para no morir de frío. Dios me salvó, afirma.
Así como Luis Ramírez, los pocos supervivientes del aluvión de rocas, hielo y barro que desapareció un domingo de 1970 a la ciudad ancashina se reúnen cada 31 de mayo, en la Plaza Yungay de la urbanización San Silvestre, en San Juan de Lurigancho. La plaza, que recuerda a los muertos en el sismo, tiene 32 palmeras y réplicas de la pileta y las rejas de antes del alud. Todavía el alma duele hoy, cuando se cumplen 44 años y las heridas aún no cierran, comenta Gladys Infantes, otra sobreviviente.