Sara Abu-Sabbah

Incluir postres en una alimentación saludable no solo es posible, sino que también puede ser una estrategia para sostener hábitos en el tiempo. El problema no es el postre, sino la frecuencia, la porción y el contexto en el que se consume, ya que evitarlo por completo suele aumentar la ansiedad y el riesgo de atracones.

El enfoque está en integrarlo con equilibrio, por lo que se recomienda preferir porciones pequeñas, disfrutarlas sin distracciones y, de ser posible, consumirlas después de una comida principal, ya que esto ayuda a reducir el impacto en la glucosa. Asimismo, es conveniente optar por preparaciones caseras con ingredientes como cacao, fruta, yogurt natural o frutos secos.

Otra estrategia útil es aplicar la regla 80/20, donde el 80% de la alimentación se base en comida nutritiva y el 20% sea flexible, de modo que el postre deje de percibirse como algo prohibido y pase a formar parte de una relación más sana con la comida, entendiendo que comer bien también implica disfrutar.

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