El pelo está formado principalmente por proteína (queratina). Si la alimentación es pobre en proteínas, el cabello puede volverse más fino, frágil o caerse con mayor facilidad. También influyen minerales como el hierro, el zinc y el selenio, necesarios para que el folículo funcione bien. Las vitaminas del grupo B, especialmente la biotina, ayudan a mantener la estructura del cabello.
Por eso, dietas muy restrictivas o con poca variedad suelen reflejarse en pérdida de brillo o caída.
Otro punto importante son las grasas saludables. Los ácidos grasos omega-3 presentes en pescado, nueces o semillas contribuyen a un cuero cabelludo saludable.
La buena noticia es que el cabello suele responder cuando mejora la dieta. Comer suficiente proteína, frutas, verduras, menestras y grasas saludables no solo beneficia al cuerpo por dentro, también se nota por fuera, empezando por el cabello.
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