La naturaleza se transforma a lo largo del año y nuestro cuerpo también lo hace. Desde la medicina preventiva e integrativa se aprende que la salud se fortalece cuando vivimos en armonía con los ritmos naturales. Esta mirada coincide con lo que comunica el médico estadounidense Elson M. Haas, quien explica que la alimentación, las emociones y el descanso deberían adaptarse a cada estación del año.

Durante la primavera, el cuerpo entra en una fase de limpieza y renovación. Se activa el hígado, órgano clave en los procesos de depuración, por lo que priorizar verduras verdes, frutas frescas y sabores ligeramente ácidos ayuda a movilizar toxinas y emociones acumuladas durante el invierno.

El verano representa expansión y alegría. El corazón incrementa su actividad y el organismo necesita mayor hidratación, ligereza y movimiento consciente. En este período, los alimentos frescos y ricos en minerales permiten disfrutar la estación sin agotar la energía vital.

Luego llega el verano tardío, una etapa asociada al equilibrio y al centro. La digestión cobra protagonismo y conviene optar por comidas tibias, simples y bien masticadas, que nutran el cuerpo y, al mismo tiempo, aquieten la mente.

El otoño invita a soltar y a replegarse. Los pulmones y el intestino grueso participan activamente en los procesos de eliminación, por lo que las sopas, los alimentos tibios y la respiración consciente fortalecen las defensas y preparan al cuerpo para el frío.

El invierno, en cambio, es tiempo de reserva y cuidado profundo. Los riñones sostienen la energía vital y se fortalecen cuando se les brinda descanso reparador, una alimentación cálida basada en sopas nutritivas y el abrigo adecuado.

Este enfoque es desarrollado por Elson Haas en su libro Staying Healthy with the Seasons, donde enseña que comer según la estación es una forma sencilla y poderosa de prevención. Escuchar al cuerpo y respetar los ciclos naturales favorece una mayor energía, equilibrio emocional y bienestar duradero, ya que vivir de este modo implica elegir conciencia diaria y coherencia entre lo que pensamos, sentimos y comemos.

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