Masticar bien representa un acto esencial que conecta la boca con procesos profundos del organismo. Cada vez que el alimento se tritura con atención, el cuerpo recibe información valiosa que influye en la digestión, la circulación y el equilibrio celular. La masticación consciente marca el inicio de una nutrición eficiente.
Durante este proceso, la saliva cumple un papel determinante. Al mezclarse adecuadamente con los alimentos, facilita la acción enzimática y prepara los nutrientes para una mejor absorción. Este primer paso armoniza el sistema digestivo y favorece una respuesta metabólica más ordenada.
Un aspecto especialmente importante de la masticación está relacionado con la conversión del nitrato dietético en óxido nítrico. Este compuesto resulta indispensable para la señalización celular, la elasticidad vascular y la regulación natural de la presión arterial. El organismo obtiene óxido nítrico a partir de los nitratos presentes en la alimentación, mediante un mecanismo que comienza en la boca.
Las bacterias beneficiosas ubicadas en la superficie de la lengua transforman el nitrato en óxido nítrico. Al masticar correctamente, estas bacterias incrementan su actividad, potenciando este proceso fisiológico. De esta forma, la boca se convierte en un punto clave para la salud cardiovascular.
Las verduras de hoja verde aportan cantidades significativas de nitratos naturales. Espinaca, acelga, rúcula, lechuga y berros destacan por su capacidad de nutrir este mecanismo. Una masticación cuidadosa permite que sus compuestos actúen de forma más eficiente, favoreciendo la circulación y la oxigenación de los tejidos.
Además, masticar bien ayuda a percibir mejor la saciedad. El cerebro recibe señales claras, promoviendo una alimentación más consciente y equilibrada. Este hábito sencillo fortalece la relación con la comida y respalda el bienestar general. Desde la boca, se activan procesos que sostienen la salud celular, digestiva y vascular.
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