La violencia social se agrava en Bolivia. Ayer, los seguidores de Evo Morales tomaron el aeropuerto de Chimoré, en Cochabamba, para impedir la captura del expresidente y dirigente cocalero, quien enfrenta procesos judiciales y tres órdenes de detención por estupro y trata de personas.
El dirigente Teófilo Sánchez afirmó que defenderán a su líder “así nos cuesten vidas”.
Horas antes, Morales denunció que hay un plan de Estados Unidos, apoyado por el gobierno boliviano de Rodrigo Paz, para capturarlo o asesinarlo.
Mientras tanto, los bloqueos encabezados por grupos afines a Morales han dejado a La Paz incomunicada desde hace 16 días y ayer comenzaron operativos para despejar las vías y hubo 57 detenidos.
Bronca al rojo vivo
La madrugada de ayer, unos 2500 policías y 1000 militares iniciaron operativos en La Paz y El Alto con la “finalidad de liberar” las carreteras para que “los alimentos, medicamentos, ambulancias, oxígeno (medicinal) puedan ingresar” a la ciudad.
“Vamos a hacer hasta el último esfuerzo para evitar que haya derramamiento de sangre por el uso de la violencia de cualquiera de las partes”, declaró el vocero presidencial, José Luis Gálvez.
Sin embargo, avanzaba el desbloqueo de las carreteras, centenares de personas retomaron los cortes de rutas en varios puntos.
Los manifestantes exigen también mejores sueldos y rechazan algunas reformas que pretende poner en marcha el gobierno.




