Magaly Moro

Angello (27 años, Rímac). Doctora Moro, me siento profundamente triste porque, hasta el día de hoy, jamás he tenido enamorada. Siempre pensé que conocería al amor de mi vida en cualquier momento, pero ya perdí las esperanzas de encontrar a la mujer de mis sueños. Cada vez que me enamoro perdidamente de alguien, termino siendo “el mejor amigo”.

Por ejemplo, hace cinco meses conocí a Mariana, mi compañera de oficina. Era risueña, hermosa y sumamente lista. Estaba encantado con su belleza e inteligencia. Luego de intercambiar palabras tímidas, la invité a tomar un café después del trabajo. Así, eventualmente, hicimos de esa pequeña cita un ritual. Nuestras salidas eran increíbles y las risas nunca faltaron. ¡Teníamos tantas cosas en común! Estaba fascinado.

Sin embargo, después de unas tazas de café y muchas indirectas de mi parte, Mariana me confesó que siempre quiso un hermano como yo. ¡Un hermano, doctora! Eso fue la gota que rebalsó el vaso.

No sé qué hago mal para que las mujeres siempre terminen diciéndome “te quiero, pero como amigo” o, peor aún, “eres como mi hermano”. Mis amigos me recomiendan que sea más ‘lanzado’ y que no sea tan blando con ellas, pero no puedo evitar comportarme así cuando conozco a alguien que me atrae muchísimo.

Mi familia no para de preguntarme cuando llevaré una mujer a casa. No quiero quedarme soltero por el resto de mi vida, pero tampoco quiero cambiar quien soy. ¿Qué debería hacer?

Ojo al consejo

Angello, no hace falta cambiar quien eres para que alguien se enamore de ti. Eso sí, te recomiendo que seas completamente directo y dejes en claro tus intenciones. Presta atención a las señales y, si sientes que es necesario, confiesa tus sentimientos. Lo peor que puede pasar es recibir un rechazo pero, al menos, no te harás ilusiones en vano. No desistas y ten paciencia.