Hola, soy Magaly Moro y leo todos los días tu caso del corazón para darte un consejo. Siempre protejo la identidad de las personas que me escriben porque esta historia podría ser la de cualquiera.

El amor nos impulsa a ser mejores personas, pero también nos puede cegar y poner contra la espada y la pared. En este espacio recibirás un consejo, el consejo de una amiga anónima. Ojo, esto no es una terapia. En muchos casos sí es importante recurrir a una, ya sea solo o en pareja.

Hoy te cuento la historia de Lorenzo, de 39 años, del distrito de Barranco.

Doctora, me encuentro en una situación que me tiene bastante inquieto. Hace tres meses me mudé con Adriana, mi novia de dos años. Este 2026 nos planteamos ahorrar para casarnos y por eso decidimos convivir. En cuanto a limpieza, finanzas y organización, todo va muy bien, pero hay algo que no sé si soportaré con el tiempo y es que ella duerme demasiado.

Adriana es independiente, gana bien y es ingeniera de sistemas. Suele acostarse tarde, pero se levanta casi al mediodía todos los días. Incluso si salimos a tomar algo los fines de semana, puede pasar gran parte del día durmiendo. Le he preguntado si se siente bien de salud, si quizás tiene anemia o algún otro problema, pero me asegura que siempre ha sido así y que se siente perfectamente.

Yo soy del team mañana y me levanto a las 5:30 porque entro a trabajar a las 9, me gusta salir a correr, desayunar y ordenar mis cosas. Me resulta frustrante ver a Adriana todavía en la cama cuando ya es casi medio día. Ni el calor ni mis intentos por despertarla logran moverla, y eso me genera un estrés que no había previsto al convivir juntos.

Siento que esta diferencia de horarios afecta mi rutina y mi tranquilidad, y aunque no deseo discutir ni imponer mi estilo, me cuesta acostumbrarme a convivir con alguien que duerme tanto. Quiero encontrar una manera de aceptar sus hábitos sin que esto me haga sentir irritado o resentido con ella. Necesito encontrar un equilibrio. ¿Qué me aconseja?

CONSEJO

Lorenzo, lo que sientes es legítimo. No se trata de “cambiarla”, pero si puedes comunicar tu necesidad de espacios y rutinas propias. Habla con ella desde tu experiencia, sin culpas, y busquen la manera de llegar a un acuerdo que respeten ambos ritmos. La convivencia implica adaptación mutua: pequeños ajustes pueden aliviar tu estrés sin exigir que ninguno renuncie a su forma de vivir.

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