Las necesidades de vivienda evolucionan a medida que los hijos crecen y los integrantes de una familia desarrollan rutinas diferentes. En Lima Metropolitana y Callao, los departamentos de tres dormitorios concentraron el 39% de las ventas de viviendas nuevas entre enero y julio de 2026, según la Confederación de Desarrolladores Inmobiliarios del Perú (CODIP).
Para Ricardo Arbulú Soto, gerente general de Ciudaris, la elección de una vivienda para esta etapa familiar implica evaluar cómo se adapta a las necesidades de sus integrantes y qué posibilidades ofrece más allá del espacio interior. A partir de este enfoque, destaca cuatro aspectos que conviene considerar al evaluar una propuesta residencial:
Funcionalidad y distribución: evaluar cómo están organizados los ambientes y si responden a las necesidades cotidianas de los integrantes del hogar, considerando sus distintas actividades y rutinas.
Confort y acabados: Considerar las características de los espacios interiores y cómo contribuyen a la comodidad y funcionalidad de la vivienda.
Áreas comunes con un propósito definido: revisar qué actividades permiten realizar estos ambientes y si realmente complementan el uso del departamento, en lugar de considerar únicamente la cantidad de espacios disponibles.
Alternativas para distintas actividades: identificar si el edificio cuenta con ambientes que permitan trabajar, estudiar, hacer ejercicio o reunirse fuera del departamento, sin tener que salir del edificio.
Al elegir un departamento familiar, también es importante evaluar la utilidad de las áreas comunes y si responden a las necesidades de los residentes. El gerente general de Ciudaris indica que no se trata solo de sumar áreas sociales, sino de que estén bien pensadas y complementen el uso de la vivienda. “Por ejemplo, un espacio de coworking permite trabajar o estudiar fuera del departamento, pero dentro del edificio, mientras que las áreas sociales y recreativas ofrecen otras opciones atractivas para los residentes”, explica Arbulú.




