El reciente ampay de Magaly Medina, donde tres figuras públicas aparecen en una despedida de soltero, todos con pareja y dos de ellos engañándolas con otras mujeres, volvió a poner sobre la mesa un tema tan antiguo como vigente, la infidelidad. ¿Por qué ocurren estos actos de traición? Diario OJO contactó a Sandro Farina, psicoterapeuta especialista en psicopatología y narcisismo, para entenderlo.
PERFIL. De acuerdo con el especialista, las personas con rasgos narcisistas y baja tolerancia a la frustración tienden más a ser infieles. Buscan validación constante y priorizan su placer inmediato, sin empatía por el daño causado.
VACÍO. La infidelidad muchas veces nace del estancamiento personal. Sandro explica que quien engaña no siempre busca a otro, a veces busca una versión perdida de sí mismo. El tercero simboliza la vitalidad, validación o libertad que siente perdida.
CONVIVENCIA. En parejas jóvenes, convivir sin acuerdos claros suele transformar la pasión en una dinámica de “roommates” (compañeros de cuarto). “Cuando la relación se vuelve funcional, la tentación de buscar el ‘misterio’ y la adrenalina fuera del hogar aumenta drásticamente”, advierte el experto.
SEÑALES. Celos repentinos, irritabilidad constante y mayor hermetismo con el celular marcan alertas. Estos cambios reflejan distanciamiento y posibles conflictos no resueltos.
ERRORES. Cuando se descubre una infidelidad, muchas parejas jóvenes caen en dinámicas que agravan el daño, como la sobre la obsesión por los detalles y la autoculpa. “La infidelidad responde a una decisión personal, no una consecuencia directa de los actos de la pareja”, finaliza Farina.
La traición habla de las carencias del infiel, no del valor de la víctima.
OJO AL DATO. La confianza no se mantiene revisando celulares. Sandro Farina aconseja hablar de lo incómodo antes de que sea un problema.
TRAUMA. La infidelidad genera un trauma por traición. Farina explica que aparecen ansiedad, insomnio e hipervigilancia y recomienda no apresurar el perdón hasta sentirse estables.
INSEGURIDAD. El impacto emocional quiebra la seguridad personal. La víctima llega a cuestionar toda su historia. Sanar implica recuperar la confianza en sí mismo.
RUTINA. El amor no garantiza deseo. La rutina puede apagar el erotismo y debilitar la conexión, incrementando el riesgo de buscar fuera lo que ya no se sostiene dentro de la relación.




