El musical Mamma Mia! entra en su última semana en Lima y se despide este domingo 27 de septiembre del Teatro Peruano Japonés. La puesta en escena reúne a Érika Villalobos, Cielo Torres, Gustavo Mayer, Raúl Zuazo, Diego Carlos Seyfarth, Mariagracia Mora, Stefano Meier y Gianella Neyra, entre otros actores.
En esta etapa final, conversamos con Gianella, quien asumió el personaje de Tanya después de Rebeca Escribens, sobre el reto de incorporarse a un elenco que ya venía trabajando, su experiencia con los musicales y la representación de las mujeres de 40 y 50 años en el arte.
Has participado en varios musicales. Empezaste con “La jaula de las locas” en 2010, luego vino “Planchando el despecho” y ahora regresas a Mamma Mia!. ¿Qué encuentras en este formato que te sigue llevando al escenario? Hacer musicales es un desafío grande porque mezclas diferentes disciplinas. Cantas, bailas, actúas y todo ocurre dentro de una misma escena, dentro de una misma historia. De alguna manera tienes que incorporar las tres cosas para que sean orgánicas y sigan contando la historia. Creo que es una forma maravillosa y muy completa que, como actores, nos reta muchísimo. Además, en el caso de Mamma Mia!, tenemos un ensamble increíble, hermoso, lleno de energía y muy talentoso. Eso nos ha generado un doble desafío, poder estar a la par de ellos y sumarnos a esa energía y ese talento que tienen.

A pesar de toda la experiencia que tienes en musicales, ¿sigues poniéndote nerviosa antes de salir al escenario? Sí, siempre me pongo nerviosa. Creo que el día que no me ponga nerviosa ya no va a ser tan divertido, porque ponerte nerviosa también te pone alerta y ese pequeño vértigo hace que todo sea más emocionante. En esta puesta de Mamma Mia! yo entré a la mitad. Todos ya tenían meses previos de ensamblaje y un ritmo incorporado. Entonces yo tenía que subirme a un caballo que ya estaba en movimiento. Sí me daba muchos nervios y en un momento decía “ay, Dios mío, esto no me va a salir”. Además, Tanya tiene uno de los números donde más baile hay, Does Your Mother Know, y yo miraba ese número y decía “Dios mío, ¿cómo voy a hacer esto?”. Realmente estaba muy fuera de mi zona de confort. Si bien ya había hecho musicales, creo que nunca había bailado tanto. Me costó ensayar mucho durante semanas, cuatro horas diarias, y recién a las dos semanas empecé a relajarme y a divertirme.
¿Qué descubriste de ti al interpretar a Tanya? Tanya ha sido un desafío, un desafío bonito. El personaje está bien lejos de mí, lo cual también me implicaba poder encontrar otras cosas, ir un poco más allá. Yo creo que yo soy más tímida y Tanya es totalmente desinhibida. Ha sido divertido poder entrar en el personaje y permitirme todas esas cosas que hace Tanya.


Tú y Rebeca son amigas, pero también existe una comparación inevitable porque las dos interpretan a Tanya. ¿Cómo construyes tu propia versión sin sentir el peso de lo que hizo la actriz anterior? Por eso decimos todo el tiempo que está súper que vengan a ver las dos propuestas. Creo que es muy interesante cuando un actor distinto toma un mismo personaje porque, por más que sea el mismo texto y la misma puesta en escena, cambia completamente el personaje. Cambia porque está encarnado por otra persona y eso es lo maravilloso de los actores. Ningún actor es igual. Tenemos diferentes energías y diferentes corporalidades. De hecho, el primer día que hice función me pusieron unos tacos altísimos y yo soy alta de por sí. Entonces Tanya, de golpe, pasó a medir unos 20 centímetros más. Todos me miraban para arriba y hacían chistes con mi altura. Ya de entrada, ahí cambió Tanya. También es lindo permitirle a una historia tener diferentes actores y diferentes miradas porque siempre termina creciendo.

Más allá de la altura y del baile, ¿qué fue lo más importante para ti al construir esta nueva Tanya? Creo que no solamente cambia físicamente, sino también energéticamente. Yo tengo otros tiempos, le doy otra lectura al personaje porque soy otra persona. También agradezco enormemente que me hayan permitido tener la libertad de ir jugando un poco con el personaje, con los textos y con mis compañeros, y poder ir encontrando mi propia Tanya. Creo que eso ha sido lo lindo de todo este proceso.
El público recibe una historia llena de alegría, pero también hay momentos que lo conmueven. ¿Qué crees que hace que Mamma Mia! conecte tanto? De verdad que se ha armado una familia muy bonita. Siempre digo que ustedes, los espectadores, ven una fiesta afuera, pero adentro hay otra fiesta. Es un grupo muy unido y con muy buena energía. Mamma Mia! habla de temas absolutamente universales, como el amor, el nido vacío, dejar ir a los hijos y las relaciones entre padres e hijos. En mi caso, habla de la posibilidad de enamorarte ya siendo grande. Creo que toca muchos niveles del amor y eso hace que la obra sea tan humana y conecte directamente con el público. Y al final, cuando nos ponemos las lentejuelas, salimos a bailar y se prende esa bola de espejos que ilumina todo el teatro, es la cereza sobre el helado. Es una fiesta gigantesca que se arma con las mil personas que están en el Teatro Peruano Japonés. La gente se va feliz y nosotros también salimos felices todas las noches.
Has trabajado musicales tanto en cine como en teatro. ¿Qué cambia cuando cantas y bailas frente a una cámara y cuando lo haces frente al público? En el teatro lo estás haciendo en vivo y lo tienes que repetir todas las veces. Es muy demandante porque no puede pasarte absolutamente nada. No puedes quedarte sin voz, físicamente no te puede pasar nada. Tienes que dormir y tener energía para hacer estas dos horas y media de función, bailando, cantando y haciendo todos los cambios. La voz es un instrumento que se afecta con todo. Si no dormiste, si te estresaste, si estás nervioso, si estás triste, si te agarra un virus, todo tiene que ver con la voz. La voz es como tu energía pura. En el cine, cuando hicimos Locos de amor, lo hermoso es que puedes grabar primero las voces. Puedes hacer muchísimas tomas hasta encontrar esa interpretación que sientes que está perfecta para el personaje y para ese momento. Después grabas la escena con esa voz y esa canción ya grabadas. Además, tienes esa canción sonando que te ayuda enormemente a entrar en la emoción cuando estás grabando la escena. Son cosas completamente distintas y hermosas las dos. El teatro tiene a la gente ahí y ese hecho teatral que está sucediendo en el momento. Todos los días es diferente. El cine tiene esto de poder repetir y repetir hasta que realmente quede como tú quieres o como el director quiere. No podría elegir.
Compartes escenario con un elenco bastante joven. ¿Qué te están enseñando ellos y qué crees que tú puedes aportarles? Creo que lo que tienen es maravilloso porque habla de un medio que hoy permite que los jóvenes estudien desde muy pequeños y se preparen mucho más. Nosotros, los mayores, decimos, “wow, qué talentosos, qué bien entrenados, cuánto saben”. Creo que nosotros, a su edad, en nuestra época, no teníamos ni siquiera dónde hacerlo, aunque hubiéramos querido. Es lindo ver en ellos que hay una evolución para bien de nuestro medio, de nuestras escuelas y de la propuesta artística que hay para la gente joven que quiere estudiar y prepararse. Ya sea que finalmente vayan a ser actores o no, creo que el arte es una herramienta maravillosa para cualquiera. Es hermoso verlos tan jóvenes y tan preparados. Todos son increíblemente capos. Tan capos que a nosotros, los mayores, nos subieron la valla muchísimo y nos pusieron muy nerviosos, y eso es hermoso. Es hermoso sentir que tus compañeros están tan preparados que te retan a ser mejor todos los días. Además, son hiperrespetuosos, hipercolaboradores, tremendamente chambeadores y buenos compañeros. Yo me asombro todos los días.
Has hablado antes de la importancia de que las mujeres generen sus propios espacios. ¿Qué les dirías a quienes tienen miedo de dar ese primer paso? Hay una frase que siempre digo, que “si no te gusta dónde estás, muévete”. Sé que suena fácil, pero a veces esperamos encontrar el momento justo, la situación perfecta o tener todas las respuestas para dar ese paso, y no siempre ocurre así. A veces basta con un pequeño movimiento. No tenemos que tener todas las respuestas, tenemos que confiar en el proceso y entender que, con ese primer paso, ya estamos cambiando algo. Hay que confiar en que tenemos la capacidad de lograr lo que queremos y, al dar ese paso, seguramente encontraremos personas que nos acompañen.
¿Sientes que la industria está cambiando en la forma en que apuesta por las mujeres de 40 y 50 años? Yo creo que sí, aunque todavía hay un camino largo por recorrer. Cuando hicimos Soltera, casada, viuda, divorciada, al comienzo no confiaban en una historia protagonizada por mujeres de 40 y 50 años. Nos decían, “queremos de 30. ¿Qué van a contar las de 40, las de 50?”. Y yo pensaba: “Al contrario, mientras más vida tengamos, más cosas tenemos para contar”. Finalmente encontramos ese sí y la película superó el millón de espectadores y está entre las más vistas de la historia del cine peruano. Es bonito ver que esas puertas se van abriendo y que, cuando una se abre, pueden pasar muchas más. Hay historias y personajes de mujeres mayores que están empezando a tener espacio en el cine, la televisión y el teatro. Es esperanzador, aunque también depende de nosotras ser tenaces, convertir esos “no” en “sí” y ver qué pasa.




