Hola, soy Magaly Moro y leo todos los días tu caso del corazón para darte un consejo. Siempre protejo la identidad de las personas que me escriben porque esta historia podría ser la de cualquiera.

El amor nos impulsa a ser mejores personas, pero también nos puede cegar y poner contra la espada y la pared. En este espacio recibirás un consejo, el consejo de una amiga anónima. Ojo, esto no es una terapia. En muchos casos sí es importante recurrir a una, ya sea solo o en pareja.

Hoy te cuento la historia de Paolo, de 48 años, que nos escribe desde Chorrillos.

Paolo (48). Doctora Moro, cada vez que se acerca el Día de la Madre sé que terminaré discutiendo con mi esposa por el regalo que le doy. Intento hacerlo bien, pensar en algo especial, pero el resultado siempre sale mal.

He probado de todo. Regalos caros, detalles de moda, cosas útiles para la casa o incluso experiencias. Aun así, nunca logro acertar. Eso termina generando incomodidad y, muchas veces, una discusión que parece innecesaria.

Lo que más me desconcierta es que no sé en qué estoy fallando. Siento que pongo esfuerzo, tiempo y dinero, pero nada parece ser suficiente o adecuado. Incluso he tratado de recordar cosas que mencionó antes, pero cuando llega el momento, tampoco funcionan.

Con el tiempo, esto ha empezado a pesar más de lo que debería. Un gesto que se supone es positivo termina generando tensión. A veces pienso que ya no se trata del regalo en sí, creo que es algo más que no estoy logrando ver o entender dentro de la relación.

También me pasa que empiezo a dudar antes de elegir cualquier cosa. Me cuesta decidir porque anticipo que no le gustará. Esa inseguridad hace que el proceso sea más estresante que agradable, y termina quitándole sentido al detalle.

No sé si debería dejar de intentar sorprenderla o cambiar completamente la forma en que encaro estas fechas. Me gustaría poder encontrar una manera de acertar, pero sobre todo evitar que algo tan simple termine afectando la relación.

CONSEJO

Estimado Paolo, cuando un regalo no conecta, muchas veces no se trata del objeto, se trata del significado que transmite. Más que intentar sorprender, podría involucrarla de forma sutil, prestando atención a lo que valora o incluso consultando opciones sin que se pierda la intención del gesto. También ayuda observar sus reacciones cotidianas, ya que allí suelen encontrarse pistas más claras. Suerte.