El inicio del año escolar no solo implica cuadernos nuevos y horarios distintos, también representa un cambio fisiológico. Después de vacaciones con rutinas más flexibles, el cuerpo necesita reordenar el sueño, la alimentación y los niveles de energía.

Dormir menos de lo necesario afecta la concentración, la memoria y la regulación del apetito. Por eso, una semana antes de clases es aconsejable ajustar progresivamente la hora de dormir. El desayuno vuelve a ser clave, e incluir proteína como huevo, yogur o queso, una fuente de carbohidrato complejo y fruta ayuda a mantener la energía estable durante la mañana.

Otro punto importante es la hidratación. Muchos niños pasan horas sin tomar suficiente agua, lo que impacta la atención y el rendimiento.

No se trata de hacer cambios drásticos, requiere reinstalar hábitos mediante horarios regulares, loncheras equilibradas y buen descanso.

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