Sara Abu-Sabbah

Después de los 38 o 40 años, muchas mujeres notan que el mismo café de siempre empieza a sentirse distinto: aparecen palpitaciones, ansiedad, sudoración, irritabilidad o incluso insomnio. Y no, no es “tu imaginación”.

Durante la perimenopausia empiezan a fluctuar el estrógeno y la progesterona, hormonas que también influyen en el sistema nervioso y en la respuesta al estrés. Al bajar la progesterona, que tiene un efecto más calmante, algunas mujeres se vuelven más sensibles a la cafeína y al cortisol.

El problema es que muchas intentan combatir el cansancio hormonal con más café y terminan entrando en un círculo de ansiedad, sueño ligero y agotamiento.

Un dato útil es que, si notas que el café te “cae distinto”, pruebes tomarlo después del desayuno y no en ayunas. Además, lo mejor es evitar consumirlo después de las 2 p. m. En muchas mujeres, solo ese cambio mejora notablemente el sueño, la ansiedad y los despertares nocturnos.

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