Cuando un bebé inicia la alimentación complementaria, desde los 6 meses, el pescado puede y debe estar presente, siempre que se elija adecuadamente. Los más recomendados son los pescados pequeños o de vida corta, ya que acumulan menos contaminantes.
Entre los más accesibles se encuentran la anchoveta, la sardina, el jurel, la caballa peruana, la trucha, la merluza y el pejerrey, los cuales aportan proteínas de alta calidad, yodo y grasas omega-3 como el DHA, fundamentales para el desarrollo del cerebro y la visión.
En cambio, lo ideal es evitar los pescados grandes y depredadores, como el pez espada o el atún de gran tamaño, debido a que concentran mayores niveles de mercurio. El atún enlatado tipo light puede consumirse de manera ocasional, pero no es recomendable ofrecerlo a diario durante esta etapa.
Respecto a los microplásticos, actualmente se sabe que están presentes en el mar, aunque el riesgo real en humanos aún se encuentra en investigación. Para reducir la exposición, se aconseja preferir filetes, retirar la piel y las vísceras, lavar bien el pescado antes de su preparación y alternar las especies que se ofrecen al niño.
TE PUEDE INTERESAR:
Comer para vivir: ¿Qué es levadura nutricional?
Comer para vivir: ¿Es recomendable consumir alpiste?




