Sara Abu-Sabbah

Hay mujeres que llegan a los 40 convencidas de que algo anda mal porque empiezan a sentir más molestias en las articulaciones, los músculos o los tendones. Se levantan con rigidez y les duelen las manos, las rodillas o la espalda, aunque no hayan cambiado sus actividades.

Los estrógenos ayudan a regular la inflamación y los mecanismos que controlan cómo percibimos el dolor. Cuando sus niveles disminuyen, algunas mujeres se vuelven más sensibles a molestias que antes pasaban desapercibidas.

Si a ello se suma la pérdida de masa muscular, de fuerza y de capacidad de recuperación, la sensación puede ser la de sentir “dolor por todos lados”.

Estos dolores no siempre reflejan un mayor daño en los tejidos. En muchos casos, lo que cambia es la forma en que el sistema nervioso procesa las señales de dolor cuando disminuyen los estrógenos. Entenderlo es importante porque permite buscar soluciones en lugar de resignarse a pensar que “son cosas de la edad”.

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