Cuando la hormona del estrés está elevada, la alimentación puede ayudar a regularla. No es recomendable saltarse comidas ni hacer dietas muy restrictivas, porque el cuerpo interpreta “falta de energía” y aumenta aún más esta hormona. Tampoco es buena idea abusar del café, bebidas energéticas o alcohol, especialmente en la tarde o noche.
Sí es importante mantener horarios regulares de comida para darle estabilidad al cuerpo. Prioriza alimentos reales, como verduras, frutas, legumbres, proteínas de calidad y grasas saludables como aceite de oliva, palta y frutos secos. Estos ayudan a mantener los niveles de energía más estables.
Incluye carbohidratos complejos (como avena, quinua o camote), que favorecen la producción de serotonina y contribuyen a una mejor respuesta al estrés. También es importante asegurar un buen aporte de magnesio (presente en semillas, cacao y hojas verdes).
Más que restricciones, el enfoque es nutrir al cuerpo para que pueda recuperar su equilibrio.




