Okinawa, Cerdeña y Nicoya son regiones conocidas por la longevidad de sus habitantes. Más allá de sus tradiciones, comparten tres hábitos que también cuentan con respaldo científico.
Primero, comer legumbres habitualmente. Su fibra ayuda a controlar el colesterol y la glucosa. Los estudios relacionan su consumo frecuente con una mejor salud cardiovascular, aunque no son el único factor asociado a vivir cien años.
Segundo, mantenerse activos toda la vida. No se trata solo de caminar, también conservan la fuerza muscular mediante actividades cotidianas, como cultivar huertos o subir colinas.
Tercero, no fumar y mantener relaciones cercanas. El tabaco acorta la vida, mientras que los vínculos sociales sólidos se asocian con una mejor salud mental y una mayor longevidad.
Desde mi perspectiva, estas poblaciones organizan su día a día con menos tecnología y sin tantos artificios que faciliten sus tareas. Comen lo que les ofrece la tierra y mantienen una convivencia activa con quienes los rodean.




