La ciencia acaba de confirmar algo poderoso, no es necesario seguir una dieta única para vivir más, pero sí adoptar un patrón saludable. Un estudio realizado en más de 100.000 personas encontró que quienes mantienen una alimentación equilibrada pueden reducir su riesgo de muerte hasta en un 24 % y ganar entre dos y tres años de vida.
Lo interesante es que distintas dietas saludables, como la mediterránea, la basada en plantas o la diseñada para controlar la presión arterial o la glucosa, comparten un mismo principio, es decir, priorizan más verduras, frutas y granos integrales, y menos alimentos ultraprocesados, sal y carnes rojas.
Esto demuestra que no se trata de una moda, es un patrón sostenido en el tiempo. En consecuencia, consumir más alimentos frescos y menos productos industriales reduce el riesgo de infarto, diabetes y otras enfermedades crónicas.
Así, cada mejora en la alimentación se convierte literalmente en una inversión en años de vida y en una mejor calidad de salud futura.
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