¡Qué tal! A fin de cuentas, todo es un chiste, según Charles Chaplin. Y para Miguel Campos, para todo el Perú, una broma era una cosa muy seria. Y cómo no si, entre chistes y bromas, entre cachetadas y un sol abrasador o un frío malograhuesos, este cómico ambulante se ganaba la vida, moneda tras moneda, pasando el sombrero, muy bien secundado por su hermano Jhonny.

Para tristeza de todo el gremio, y en realidad de todo el país, “La Bibi” dejó de existir el último sábado, 31 de octubre, producto de las secuelas que le dejó el coronavirus.

Luchó y luchó en el Hospital Covid de Ate y, al final, un paro cardíaco acabó con el flaco querido. “La Bibi”, “Tripita”, también fallecido, “Mondonguito”, Kike Suero, entre otros, encabezaron una camada ingeniosa de cómicos ambulantes, que incluso llegó a la televisión en la época de los 90. Confieso haberme parado en la Alameda Chabuca Granda para verlos en acción.

Se trata de un humor bastante expresivo y que refleja mucho lo popular. Es un humor que no podríamos calificar de fino, pero que no por eso deja de ser gracioso”, nos dice Alfredo Marcos, el reconocido caricaturista político. Y dice más el autor de “El hombre que no podía irse”: “Son hábiles, muchas veces chabacanos, pero con una facilidad innata para arrancar carcajadas a la gente común y corriente, al transeúnte que busca olvidarse de los problemas por un momento”.

“Estoy muy triste. ¡Dios mío! Tenía esperanza de que salieras de esto, luchaste al lado de tu familia ‘Bibi’, hermano”, tuiteó conmovido el gran Manolo Rojas. Estamos acostumbrados a olvidar a nuestros artistas, pasó con los cómicos de “Risas y salsa” y también ocurre con nuestros cantantes criollos, que mueren en el ostracismo.

El Congreso se dedica al show y a repartir el dinero que no es suyo, como ocurre con los aportes a las AFPs. Que “La Bibi” los perdone y que el humor callejero algún día sea más valorado.

Esto fue todo por hoy, cierro el ojo crítico, hasta mañana.

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