La crononutrición es una disciplina emergente dentro de la nutrición que estudia la relación entre los ritmos biológicos circadianos del organismo y la ingesta alimentaria. Se basa en la premisa de que el metabolismo, la digestión, la absorción de nutrientes y la homeostasis energética siguen patrones temporales específicos a lo largo del día, influenciados por el ciclo de luz y oscuridad.
A nivel fisiológico, se basa en la interacción de la melatonina y las hormonas metabólicas, como la insulina, el cortisol y la leptina, con las señales temporales internas.
Optimizar los procesos metabólicos.
Mejorar la regulación de la glucosa.
Modular la inflamación.
Favorecer el control del peso.
Entre otros beneficios.
Además, se ha observado que la desincronización de las comidas, como comer en horarios irregulares o durante la noche, puede provocar disbiosis intestinal, alteraciones en la tolerancia a la glucosa y una mayor predisposición a enfermedades metabólicas y cardiovasculares.
Ayuno intermitente y crononutrición
1. Optimizar la secreción hormonal. Durante la noche, la melatonina aumenta y reduce la eficiencia metabólica, por lo que comer tarde puede favorecer el almacenamiento de grasa. Por la mañana, el cortisol y la insulina presentan una mayor actividad, lo que facilita la digestión y el aprovechamiento de la energía. Además, el ayuno permite que los niveles de insulina disminuyan, favoreciendo la quema de grasa.
2. Favorecer la autofagia y la regeneración celular. Durante el ayuno prolongado, de más de 14 horas, el cuerpo puede activar la autofagia, un proceso mediante el cual elimina componentes celulares dañados y favorece la renovación celular.




