Aprender a tocar un instrumento ofrece más que el placer de producir melodías, ya que estimula áreas del cerebro encargadas de la atención, la memoria y la coordinación. Investigaciones recientes muestran que quienes desarrollan habilidades musicales pueden concentrarse mejor, especialmente en entornos con muchas distracciones.
Un estudio reciente del Karolinska Institute, publicado en la revista Science Advances en 2025, encontró que la formación musical refuerza la atención consciente, permitiendo al cerebro enfocarse en información relevante y reducir la reacción automática a estímulos que distraen. Esto significa que una persona con entrenamiento musical logra concentrarse en una tarea o en una voz entre muchos sonidos con más facilidad que otra sin esa formación.
Los efectos positivos del aprendizaje musical no se limitan a la atención. Estudios anteriores han demostrado que quienes tocan instrumentos mejoran la memoria auditiva, la capacidad de procesamiento verbal y las funciones ejecutivas, como la planificación, la concentración sostenida y el razonamiento. En niños, por ejemplo, tocar un instrumento se relaciona con un mejor desempeño en habilidades cognitivas y lingüísticas.
En un contexto tan acelerado como el actual, con teléfonos móviles, estímulos digitales constantes y múltiples distracciones, aprender un instrumento puede funcionar como un refugio. Permite enfocar la mente, desarrollar disciplina y cultivar una conexión más consciente con los sentidos. Dedicar aunque sea algunos minutos al día puede traducirse en una mente más alerta, capaz de concentrarse mejor, resistir distracciones y procesar información con mayor claridad. La práctica musical representa una herramienta accesible y poderosa para fortalecer nuestras capacidades cognitivas.
TE PUEDE INTERESAR:
La columna de Pérez Albela: Inflamación crónica y sus riesgos
La columna de Pérez Albela: Los beneficios de la risa
La columna de Pérez Albela: Alimentos que ayudan a prevenir el cáncer



