Cocinar forma parte de la rutina de muchos hogares y existen pequeños hábitos que pueden ayudarnos a cuidar mejor los alimentos que consumimos. Desde utilizar utensilios diferenciados hasta mantener una correcta higiene y organizar adecuadamente la refrigeradora, incorporar buenas prácticas durante la preparación y conservación contribuye a fortalecer la seguridad alimentaria en casa.

En una cocina profesional, estos cuidados se traducen en procesos y protocolos que deben cumplirse de manera consistente.La higiene y la manipulación segura de los alimentos son prácticas que McDonald’s aplica en sus cocinas y que comparte a través de su programa Puertas Abiertas. Estas cinco recomendaciones también pueden ponerse en práctica en casa para prevenir la contaminación y cuidar la salud.

  1. Utiliza utensilios diferenciados según los alimentos: Separar las tablas y utensilios destinados a productos crudos y cocidos, como carnes y vegetales, ayuda a prevenir la contaminación cruzada durante la preparación.
  2. Haz de la higiene una constante durante la preparación: Lavarse correctamente las manos y mantener limpias las superficies y utensilios es fundamental, especialmente cuando entran en contacto con diferentes ingredientes.
  3. Organiza los alimentos para conservarlos adecuadamente: Mantener ordenadas la refrigeradora y la alacena facilita una adecuada conservación. Una práctica útil es colocar al frente los productos con fecha de vencimiento más próxima para consumirlos primero.
  4. Revisa más que la apariencia de los alimentos: La apariencia no es el único factor a considerar. También es importante revisar su fecha de vencimiento y las condiciones en las que ha sido conservado y manipulado.
  5. Conoce la procedencia de lo que consumes: Conocer su procedencia, revisar la información disponible y adquirirlos en establecimientos confiables ayuda a tomar decisiones más informadas sobre aquello que consumimos.

Pequeñas prácticas cotidianas pueden marcar una diferencia en la forma en que cuidamos nuestros alimentos. Conocer su procedencia y prestar atención a cómo los manipulamos y conservamos nos permite tomar mejores decisiones y disfrutar aquello que consumimos con mayor seguridad y, sobre todo, con toda confianza.