Por: Magaly Moro
magalymoro@grupoepensa.pe
Marcelino (35 años, El Agustino). Doctora, desde que tomé la decisión de casarme, las felicitaciones por parte de mis amigos y conocidos no cesaron y recibí miles de regalos. No obstante, no todo era felicidad. A medida que se acercaba la fecha de la boda, no solo los nervios se apoderaban de mí, sino también las dudas. Tengo más amigos divorciados y todos, de alguna manera, intentaron persuadirme de que no contrajera nupcias, pero ya era muy tarde. Sé que debería estar feliz por haber jurado amor eterno a Laura, pero la verdad es que desde mi boda me siento vacío.
Antes de casarme, mis relaciones amorosas se caracterizaban por no durar mucho, siempre me aburría a los 3 o 4 meses, nunca me vi comprometido. Pero cuando cumplí 30, mis familiares se propusieron hablarme de que debía sentar cabeza, que ya era hora de madurar y tomarme en serio las cosas. Traté de no hacerles caso y en muchas ocasiones discutí con mis hermanas, porque querían presentarme a muchas mujeres.
Fue así que conocí a Laura, una chica amorosa, de quien me enamoré. Como era de esperarse, cuando cumplimos el primer año de enamorados, mi mamá y hermanas volvieron a tocar el tema del matrimonio. Laura también se ilusionó con la idea y cuando menos me di cuenta, ya teníamos fecha de matrimonio. Yo la quiero mucho y no quiero romperle el corazón, pero no deseaba casarme, a tal punto que no invité a ninguno de mis compañeros del trabajo, pese a que ellos me hicieron un superregalo, solo les llevé la torta.
Doctora, ¿debería contarle lo que siento a mi esposa?
OJO CONSEJO:
Sí deberías decírselo, no hay nada más cruel que mantener a una persona engañada, porque así no se puede construir nada sólido. Habla con tu pareja de lo que sientes.
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