Muchas personas se obsesionan con la hora exacta para comer o entrenar. Sin embargo, la evidencia científica muestra que los horarios tienen un impacto mucho menor de lo que solemos creer.
Lo que más influye en la composición corporal es alcanzar una ingesta adecuada de proteínas, realizar entrenamiento de fuerza de forma regular y mantener una alimentación acorde con el objetivo. Una vez cubiertos estos pilares, el horario pasa a un segundo plano.
Eso no significa que sea irrelevante. Distribuir la proteína en tres o cuatro comidas al día parece favorecer el mantenimiento y desarrollo de la masa muscular más que concentrarla en una sola comida. También resulta práctico consumir proteína en las horas cercanas al entrenamiento para favorecer la recuperación.
Antes de preocuparte por si desayunas a las 7 o a las 9 de la mañana, asegúrate de que tu alimentación y entrenamiento estén bien estructurados.




