En los últimos años, las florerías en Perú han evolucionado. Lo que antes era un negocio centrado en rosas y arreglos clásicos ahora busca creatividad, diseños únicos y experiencias personalizadas para cada ocasión.


Regalar flores dejó de ser solo un gesto romántico y se transformó en un detalle de estilo y emoción. En este nace Florelima Atelier, del corazón de Grabiela Lobatón, mamá, artista floral y empresaria, que encontró en las flores una forma de contar historias.

Cada arreglo es creado a mano, con intención, detalle y sensibilidad, buscando transmitir emociones reales, amor, gratitud, alegría y compañía. Creemos que las flores tienen un lenguaje propio y nosotros solo las ayudamos a hablar.
Florelima Atelier, que tras cuatro años operando únicamente online, abrió recientemente su primer local en Surquillo.
“Hemos contado con un taller, pero definitivamente ya es hora de que nuestros clientes nos puedan visitar. Este es el resultado de años de esfuerzo y dedicación”, comparte Grabiela. La apertura no solo responde a la demanda, también es el inicio de una cadena de florerías con proyección nacional e incluso internacional.
DESAFÍOS
Emprender en el rubro de la floristería no ha sido sencillo. Contadora de profesión, Grabiela inició este emprendimiento como un hobby que pronto se transformó en negocio. “El cuidado de las flores, la logística de los envíos, el diseño de los ramos… todo es complejo, pero hemos ido alineándonos poco a poco con el negocio”, explica. La pasión y la perseverancia han sido sus armas para sortear los retos de un sector tan delicado como este.
Florelima Atelier nació con un enfoque digital. Primero desarrollaron su página web y luego expandieron su presencia a Instagram y plataformas de delivery como Rappi. Gracias a esta estrategia, lograron llegar a un público amplio, principalmente hombres peruanos, muy románticos, que expresan sus sentimientos con flores poco convencionales como peonías, rosas inglesas y orquídeas, diferenciándose de la oferta tradicional.
PROPUESTA DE VALOR
La variedad es otro de los puntos fuertes. Con alrededor de 40 tipos de flores y más de 100 modelos de ramos, la florería combina elegancia y sofisticación, tomando inspiración de tendencias europeas y colaborando con diseñadores de moda para crear lo que Grabiela define como un “atelier floral”. La innovación constante y la atención al detalle son claves en su propuesta de valor.
No todo ha sido fácil. Grabiela reconoce que uno de los mayores sacrificios ha sido equilibrar la maternidad con la exigencia del negocio. Con dos hijos pequeños, su jornada comienza a las 3 a.m. y abarca desde la compra de flores hasta la supervisión de envíos y el contacto con clientes. Sin embargo, la satisfacción de ver a sus clientes emocionados al recibir un ramo hace que el esfuerzo valga la pena.

El mensaje de Grabiela para quienes desean emprender es claro: perseverancia, enfoque y pasión. Su trayectoria demuestra que, con creatividad, dedicación y amor por lo que se hace, es posible transformar un hobby en un negocio exitoso, inspirando a otros a apostar por sus sueños y a innovar incluso en sectores tan tradicionales como la floristería.
TE PUEDE INTERESAR




