Por más de 13 años, Coralí Lecca Céspedes se dedicó a su carrera como ingeniera de sonidos, no obstante, en 2014, al volver al Perú después de radicar por un año en Nueva York, descubriría una pasión que hoy la ha convertido en una próspera empresaria: la cerámica. Curiosamente, a pesar de que su madre, Sonia Céspedes Rossel, es ceramista desde hace más de 40 años, Cora no se había sentido atraída por este arte milenario ni conocía el talento que poseía. “Mi madre me pidió ayuda para una feria­ de cerámica y acepté. Fue ahí donde inició mi interés e, inclusive, le comenté si podría ser su alumna y ella recibió la noticia con los brazos abiertos, con sorpresa y alegría… Años más tarde, aquí estoy dedicándome al 100% a esta sorpresa que me tenía la vida”, afirma aún impresionada.

PROGRESO. En la actualidad, es la fundadora de “Coraceramics”, un emprendimiento que, inicialmente, nació como una bitácora en Instagram -”Aventuras de una aprendiz de la cerámica”-, pero que se transformó en una fuente de ingresos cuando sus amigas empezaron a comprarle las tazas que creaba en el taller de su progenitora y que difundía en esta red social. “Me empezaron a hacer pedidos y, poco a poco, fui forjando un camino. Tomé clases para manejar un emprendimiento y aún sigo aprendiendo”, expresa con humildad. Sin embargo, hoy acumula más de 31 mil seguidores pendientes de sus diseños de tazas, que son su producto estrella, pero, además, elabora bowls, platos, jarras y teteras, macetas y otros accesorios a través de la técnica del torno y pintadas con esmaltes de alta temperatura. “Algo que me gusta de mis piezas es que son objetos cargados de emociones”, confiesa la también psicóloga, quien se inspira en la naturaleza, sus recuerdos de niñez, los colores que ve en las calles, sus mascotas, canciones y todas las imágenes que circulan por su mente.

DE ALUMNA A MAESTRA. Sus creaciones no solo despertaron el interés de compradores, sino también de personas con deseos de aprender, fue así como Cora se animó a impartir talleres de cerámica, siguiendo los pasos de su mamá. “Me fascina tener la oportunidad de compartir con adultos las técnicas que he venido aprendiendo, y que sigo desarrollando, para que experimenten ellos mismos su mundo creativo. Poder ser testigo de ese desarrollo y cómo aprenden este arte termina siendo algo que nos transforma, es un maravilloso proceso terapéutico.”, cuenta. Ha sido tal el éxito de sus clases que, el año pasado, grabó un curso para Doméstika sobre las técnicas del nerikomi, el “marmoleado”. “Es una gran oportunidad de que mi taller pueda llegar a otras partes del mundo”, manifiesta emocionada. La información de sus cursos y de sus productos la encuentran en su página web .

SUEÑOS. A largo plazo, Coralí se proyecta a tener aliados en otras partes del país y del mundo para que más gente pueda conectarse con su arte. “Veo a Coraceramics más que nada como un espacio de experiencias. Más que una tienda de productos, quiero que sea una marca que está enfocada en compartir el bienestar, la alegría y las aventuras de trabajar con este material”, concluye la emprendedora.

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