Con los años no solo cambian los gustos, también cambia el cuerpo. El metabolismo se vuelve más lento, disminuye la masa muscular y el apetito suele reducirse, pero paradójicamente las necesidades de varios nutrientes aumentan.
Primero, la proteína adquiere un rol esencial. A partir de los 60 o 65 años, el cuerpo la aprovecha menos, por lo que conviene incluirla en cada comida mediante menestras, huevo o pescado. Segundo, es importante cuidar el calcio, la vitamina D, la vitamina B12 y el hierro, ya que la absorción intestinal disminuye y algunos medicamentos interfieren con su aprovechamiento. En ocasiones puede ser necesario complementar la dieta con suplementos.
Tercero, la fibra y el agua son fundamentales. El estreñimiento no es “normal de la edad”; generalmente se produce por bajo consumo de fibra, insuficiente hidratación y sedentarismo. Por último, la comida debe ser nutritiva, fácil de masticar y agradable. Reducir la cantidad pero mantener la calidad es la estrategia más efectiva para envejecer con salud.
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