La forma en que una persona camina puede cambiar con los años y ofrecer información sobre su estado físico. Caminar rápido no solo ayuda a llegar antes a un destino. También puede ofrecer pistas sobre el estado de salud.
Diversos estudios han encontrado que la velocidad habitual al caminar se asocia con el riesgo de enfermedad, pérdida de independencia e incluso mortalidad, especialmente a partir de la mediana edad y en adultos mayores. Esto ocurre porque caminar requiere que trabajen de forma coordinada los músculos, el corazón, los pulmones, el sistema nervioso y el equilibrio.
Una disminución importante de la velocidad puede reflejar cambios en varios sistemas del organismo y no solo en las piernas.
Los ejercicios de fuerza y un consumo suficiente de proteínas ayudan a conservar la movilidad y la capacidad funcional con el paso de los años.
Más que caminar más rápido por obligación, el objetivo es mantener un cuerpo capaz de moverse con agilidad durante toda la vida.




