La prediabetes no es un diagnóstico definitivo. Es una señal de alerta que indica que la glucosa está más alta de lo normal, pero aún no en rango de diabetes. La buena noticia es que sí puede revertirse.
La evidencia más sólida muestra que perder entre 5 y 7% del peso corporal, si hay sobrepeso, reduce significativamente el riesgo de progresión a diabetes. No se trata de hacer dietas extremas, pero sí de ajustar la calidad y distribución.
Una buena manera de ayuda a mejorar la sensibilidad a la insulina es priorizar la fibra con el consumo de verduras, frutas enteras, leguminosas y avena. Asimismo, reducir las bebidas azucaradas, jugos y harinas refinadas, que elevan rápidamente la glucosa. E incluir proteína suficiente en cada comida para evitar picos bruscos.
El patrón tipo mediterráneo o basado en alimentos reales es uno de los más estudiados.
Un dato clave que potencia el efecto de la alimentación es el movimiento diario.
La prediabetes no es destino, es oportunidad de intervención.
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