Saber si una comida le gusta o no a un bebé no siempre es tan obvio como “se la comió” o “la rechazó”. La evidencia muestra que un infante puede necesitar probar de 8 a 15 veces un alimento para familiarizarse con un sabor nuevo.
Las señales de que aún no le gusta incluyen cerrar la boca, girar la cabeza, escupir el alimento o hacer gestos faciales. Esto no significa un rechazo definitivo, sino falta de costumbre. En cambio, cuando un niño muestra interés, abre la boca, intenta tocar la comida o la lleva a la boca por sí mismo, está explorando y aprendiendo.
Un punto importante es no forzar ni presionar. Obligar a comer suele generar rechazo y asociaciones negativas. Lo más efectivo es ofrecer el alimento en un ambiente tranquilo y respetar sus señales de hambre y saciedad.
Observar, repetir y tener paciencia ayuda a formar una relación sana con la comida desde la infancia.
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