El cortisol es una hormona de las glándulas suprarrenales que responde al estrés. No es “malo” por sí mismo; de hecho, es esencial para la vida. Su función principal es ayudar al cuerpo a responder ante situaciones demandantes, regula la liberación de energía (aumenta la glucosa en sangre), modula la inflamación y participa en el control del ritmo sueño–vigilia.
En condiciones normales, el cortisol sigue un ritmo diario: es más alto por la mañana (para activarnos) y disminuye por la noche (para facilitar el descanso). El problema aparece cuando el estrés es constante y este sistema se desregula. Niveles elevados de forma crónica pueden asociarse a fatiga, aumento de grasa abdominal, alteraciones del sueño y mayor riesgo metabólico.
Cuidar el cortisol no implica “eliminar el estrés”, sino aprender a regularlo: dormir bien, mantener horarios, moverse a diario y sostener una alimentación equilibrada son claves.




