Hay personas que duermen ocho horas, pero despiertan como si no hubieran descansado. Si además roncan fuerte, amanecen con dolor de cabeza o alguien les cuenta que dejan de respirar por momentos durante la noche, hay que prestar atención.
En la apnea del sueño, la entrada de aire se bloquea repetidamente mientras dormimos. El oxígeno baja y el cerebro tiene que “despertarnos” durante unos segundos para volver a respirar. Podemos no recordarlo, pero el descanso se interrumpe una y otra vez, lo que puede provocar cansancio durante el día, sueño, irritabilidad y problemas para concentrarse o recordar. Sin tratamiento, también aumenta el riesgo de hipertensión y problemas cardiovasculares y metabólicos.
Por eso, no normalices el ronquido. Un estudio del sueño puede confirmar si existe apnea y permitir que se inicie el tratamiento adecuado.
Dormir ocho horas no sirve de mucho si durante la noche tu cerebro tiene que interrumpir el descanso para que vuelvas a respirar.




