La grasa saturada es un tipo de grasa que se encuentra sobre todo en alimentos de origen animal como mantequilla, quesos, crema, carnes grasas y embutidos, y también en algunos aceites tropicales como coco y palma. Consumirla en exceso puede aumentar el colesterol LDL, conocido como “malo”, y elevar el riesgo cardiovascular según la Organización Mundial de la Salud y la FAO.
Para adultos se recomienda que la grasa saturada aporte menos del 10 % de las calorías diarias. En una dieta de 2 000 kcal eso equivale a un máximo de 20 g al día.
Para no excederte sin dejar de disfrutar la comida lo mejor es:
Usar aceites vegetales como oliva, canola o ajonjolí.
Elegir lácteos naturales y controlar la cantidad sin eliminarlos por completo.
Preferir carnes frescas y evitar embutidos y frituras.
Variar la dieta incluyendo pescado, menestras, huevos y frutos secos para mantener el equilibrio.
La clave no es prohibir, sino dosificar y hacer mejores elecciones.
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