Dormir poco o con horarios irregulares es uno de los principales factores: altera su ritmo natural, que debería bajar en la noche. El consumo excesivo de cafeína, sobre todo en la tarde o noche, también prolonga su liberación.
Saltarse comidas o llevar dietas muy restrictivas genera una señal de “alerta energética”, estimulando su producción. A esto se suma el sedentarismo o, en el extremo opuesto, el ejercicio excesivo sin adecuada recuperación.
El estrés emocional sostenido, como preocupaciones constantes, sobrecarga laboral o falta de pausas, mantiene activado el sistema de respuesta al estrés. Incluso la exposición continua a pantallas, especialmente antes de dormir, interfiere con su regulación.
Pequeños cambios como respetar horarios, moverse a diario, dormir bien, hacer pausas y una alimentación con balance pueden ayudar a restablecer su equilibrio natural.




