Sara Abu-Sabbah

La expresión “barriga cervecera” está muy extendida, aunque la cerveza no hace que la grasa se acumule directamente en el abdomen. El aumento de peso responde al exceso de calorías, incluidas las provenientes del alcohol.

Una lata de cerveza aporta aproximadamente 140 a 150 calorías. Si su consumo es frecuente y se suma a piqueos, comidas abundantes o un estilo de vida sedentario, el exceso de energía termina almacenándose como grasa.

Además, el alcohol tiene otro efecto: mientras el organismo lo metaboliza, reduce temporalmente la utilización de grasa como fuente de energía. Esto, junto con el aumento del apetito que puede provocar, facilita un consumo mayor de alimentos.

En otras palabras, la cerveza por sí sola no crea una barriga. El problema aparece cuando forma parte de un patrón de consumo excesivo y sostenido en el tiempo.

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