En consulta, un paciente adulto mayor me comentó orgulloso “Doctora, he bajado varios kilos y ni siquiera estoy haciendo dieta”. Mi primera reacción, más que felicitarlo, fue preguntarle por qué estaba perdiendo peso.
Después de los 65 años, una pérdida involuntaria puede esconder menor apetito, problemas digestivos, dificultades para masticar, medicamentos, enfermedades o pérdida de masa muscular. Y perder músculo significa también perder fuerza, movilidad y autonomía.Las guías de ESPEN recomiendan evaluar periódicamente el riesgo de desnutrición en las personas mayores y evitar dietas restrictivas innecesarias.
Yo no miro únicamente cuántos kilos bajó el paciente. Quiero saber qué perdió y por qué.
Mi recomendación es que si un adulto mayor pierde peso sin proponérselo, no lo normalicemos. Necesita una evaluación nutricional y médica.




