Sara Abu-Sabbah

No es falta de fuerza de voluntad, es biología. Dormir poco altera las hormonas que regulan el apetito. Según investigaciones publicadas en Sleep y el American Journal of Clinical Nutrition, cuando no duermes bien aumenta la grelina, la hormona que estimula el hambre, y disminuye la leptina, la que señala saciedad.

Además, el cerebro busca energía rápida para compensar el cansancio. Por eso aumentan los antojos por alimentos ricos en azúcar y harinas refinadas, que elevan la glucosa rápidamente. Este efecto es real y medible: estudios muestran que dormir menos de 6 horas puede reforzar el deseo por alimentos más calóricos al día siguiente.

También influye el cansancio mental. El autocontrol disminuye y el cuerpo prioriza sobrevivir, no elegir perfecto. Dormir bien no solo mejora el descanso. Es esencial para regular el apetito, el equilibrio metabólico y facilitar decisiones saludables.

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