Cuando un paciente me dice “Doctora, me falta fuerza de voluntad”, muchas veces pienso que estamos mirando el problema desde el lugar equivocado. Nuestro entorno también influye en lo que terminamos comiendo.
La investigación sobre ambientes alimentarios muestra que la disponibilidad y accesibilidad de los alimentos se relacionan con nuestras elecciones. Si al llegar con hambre encuentras fruta, yogur o alimentos saludables listos para consumir, elegirlos requiere menos esfuerzo. Si lo más accesible son galletas, snacks o dulces, probablemente recurras a ellos con mayor frecuencia.
Como nutricionista clínica, prefiero hacer fácil la buena elección antes que depender todo el día de la voluntad. Prueba dejando fruta visible, verduras lavadas a la altura de los ojos, agua siempre disponible y alguna proteína lista para comer. Los productos que quieres consumir ocasionalmente no necesitan estar sobre la mesa.
Cambiar un hábito también significa cambiar el escenario donde ese hábito ocurre.




