Sara Abu-Sabbah

Cuando hablamos del eje intestino-cerebro, en realidad hay tres grandes protagonistas. El cerebro, las bacterias que viven en nuestro intestino, la microbiota, y el sistema inmune. Y los tres están conversando todo el tiempo.

La microbiota produce sustancias que pueden enviar señales al cerebro, mientras nuestras defensas actúan como una especie de intermediario. Pero la conversación también va de regreso. El estrés, por ejemplo, puede cambiar cómo funciona el intestino y hasta afectar la salud mental.

En este caso, como nutricionista, pongo un límite. Dar probióticos no significa que podamos tratar depresión, ansiedad o enfermedades neurológicas. Esa evidencia todavía no existe.

Lo que recomiendo es alimentar ese ecosistema. Más variedad de vegetales, menestras, frutas, cereales integrales y fermentados. Es una estrategia con beneficios conocidos, sin necesidad de prometer milagros.

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