La idea de que comer y luego bañarse en el mar o en la piscina “corta la digestión” es un mito. La digestión no se detiene al entrar al agua. Lo que sí ocurre es una redistribución del flujo sanguíneo: después de una comida abundante, una mayor cantidad de sangre se dirige al sistema digestivo; si, además, se realiza ejercicio intenso (como nadar con fuerza), los músculos también la demandan. Esta competencia puede generar malestar, náuseas o sensación de pesadez.
En cuanto a los calambres, no los causa la comida en sí, se asocian más con la fatiga muscular, la deshidratación, el frío o los cambios bruscos de temperatura. Asimismo, entrar al agua tras haber estado al sol puede provocar una respuesta refleja, como mareo o debilidad, especialmente si hay alcohol de por medio.
CLAVES
Evita comidas muy copiosas antes de nadar.
Espera entre 30 y 60 minutos si planeas realizar actividad intensa.
Mantente hidratado y entra al agua de forma gradual.
Si has comido ligero, caminar o nadar suavemente no representa riesgo.
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