Cuando una persona enfrenta un cáncer, la alimentación marca la diferencia en cómo el cuerpo tolera el tratamiento, se recupera y mantiene su fuerza.
1. Priorizar la proteína, incluso cuando no hay apetito.
Durante la quimioterapia o la radioterapia aumenta el riesgo de pérdida muscular. Huevos, pescado, lácteos, menestras bien cocidas o yogur son aliados.
2. No eliminar alimentos sin razón médica.
Quitar gluten, lácteos o frutas “por miedo” no ha demostrado mejorar el cáncer y puede provocar déficits nutricionales.
3. Cuidar la seguridad alimentaria.
El sistema inmune puede estar debilitado. Evitar alimentos poco cocidos o mal conservados reduce el riesgo de infecciones.
4. Adaptar la alimentación a los síntomas
Náuseas, diarrea, estreñimiento o cambios en el gusto son frecuentes. Ajustar texturas, temperaturas y horarios ayuda a comer mejor, incluso en los días difíciles.
En el cáncer, comer bien es parte del tratamiento, no un detalle menor.
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